viernes, 19 de agosto de 2011

La Transicion 2

 
Hombres, niños, mujeres…todos con su brazalete, fueron subiendo en tandas con prisa y se acomodaron donde pudieron.
 Se sentía una gran tensión, muchos se tomaban las manos, rezaban…se escuchaban sollozos, algunos lloraban…

Yo miraba por mi ventana, allá afuera…en los laterales de los grandes camiones estacionados frente a la casa del tumulto…resaltaba la cara impresa de un señor barbado de mirada cruel…junto a una leyenda en grandes letras góticas que decía..EL GRAN MOMENTO HA LLEGADO  
En esos camiones muchos hombres de La Transición acopiaban desesperados toda el agua que traían las grandes mangueras conectadas a las cañerías.
Los hombres, los camiones, el bus, así como muchos carteles pegados en las calles, todos tenían la misma insignia y lema, y me sentí más seguro por ser parte de un proyecto.

La marcha empezó serena…y veía el camino zigzaguear hacia el horizonte.
De repente empezó a subir una montaña…a subir…y subir
A gran velocidad se puso perpendicular al piso... y todo esto duro un buen rato…
Yo estaba atado a la parte delantera del bus, y pude ver como el micro rápidamente se puso cara a   cara con el cielo, en un vuelo de tiempo y espacio…no tuve miedo…solo esa molesta sensación en el pecho que me oprime cuando siento fluir la adrenalina.
En algún momento, que no recuerdo, bajamos en cierto lugar inhóspito y el bus se marcho.
Todos se fueron organizando sobre qué hacer…hacia dónde  ir…rápidamente se fueron reuniendo en grupos…mientras caminaban..
Hasta que, finalmente...por todos los costados que mire…no quedo nadie  a la vista..
El lugar era lo más parecido a la luna, nada había allí más que tierra seca, horizonte y cielo…rojo cielo...

Y así volví a sentir como la fría soledad me apretaba desde los cuatro ángulos del cosmos…como mi pequeño ser ya sentía, ya adivinaba en el silencio, ya esperaba sin esperar, como siempre, ese vacío de humanidad, esa infinita lejanía con el ser humano, con ese otro ser humano diferente y a la vez yo mismo…
Y mirando en derredor de aquella fantasmal inmensidad, comprendí que no estaba solo y mire al cielo.

Y vi la estrellita titilante y moribunda allí arriba…y puse mis manos en los bolsillos…y decidí seguirla y camine…

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